8 de noviembre de 2013

Muestra de Feliciano Centurión: Las intensidades de la belleza.


Dice su curador, Fernando Davis: "En 1990 Feliciano Centurión comenzó a utilizar, como soporte de sus pinturas, frazadas de producción industrial, cuyos diseños de fábrica estandarizados aprovechó en la elaboración de las imágenes. Un material barato y de uso corriente que, apropiado y despegado de sus circuitos de circulación y consumo cotidianos, a la vez no dejaba de operar como un potente significante asociado al cuerpo, al cuidado y al abrigo. En contraste con el carácter “neutro” de la tela sobre bastidor, la frazada se vuelve, según señaló Feliciano, “soporte afectivo, sensorial”. Así, el orden visual de la pintura es desplazado por la vibratilidad táctil, corporal, de la frazada.
En 1994 Feliciano incorporó a sus frazadas piezas de ñandutí y tejido al crochet y, un año más tarde, pañuelos y retazos de tela con frases e imágenes bordadas. En la apropiación de una serie de prácticas socialmente asignadas a la mujer, así como de elementos (manteles, servilletas, puntillas, carpetitas) pertenecientes al dominio de la intimidad doméstica, la obra de Feliciano desarreglaba las divisiones de género establecidas y ponía en tensión los territorios de lo privado y lo público, para hacer de la propia intimidad un espacio de activación micropolítica. Para él no se trataba de una mera inversión de los roles de género normalizados. En torno a estas prácticas las mujeres también habían construido, históricamente, redes de afectos y solidaridades políticas. La incorporación del tejido y el bordado aludía, así, a subjetividades e identidades políticas (de las mujeres, de los homosexuales) vinculadas a la invención de tramas de afecto y de alianza, desobedientes al orden social dominante heteromasculino".
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